viernes, 12 de junio de 2015

Capítulo 2

Bueno, sé que dije en Junio, y aunque estamos casi en la mitad, mejor tarde que nunca. Estoy contenta por la cantidad de gente que visita el blog, pero ya que leen...¿tanto cuesta dejar una pequeña opinión? Disfruten de la lectura.
Alyssa se echó el pelo atrás, y bebió otro sorbo a su taza
—¿Quién eres?—preguntó Sam dejando su taza en el fregadero.
—He dicho que ahora no. Si queréis respuestas, esperareis
—¿Por qué te cuesta tanto responder a un par de preguntas?—preguntó frustrado Alex, mirándola.
—¿Y por qué os cuesta tanto esperar, Alexander Jones?
—Porque se han llevado a mi amiga unos lunáticos que dicen que es Dylai, hija de Hades, Dios del Inframundo, ¡Cuando no existen los dioses—exclamó molesto.
—¡Esa amiga tuya es mi prima, niñato! ¡Y si crees que no me preocupa, estas equivocado!
—No he dicho eso, simplemente podrías decirnos quien mierdas son esos tipos. ¡Están locos!
—Alyssa, solo aclárale eso, más tarde podrás contar toda la historia—pide conciliador Daniel-por favor.
—Está bien—suspira intentando controlar su temperamento—solo dos preguntas.
—¿Por qué Rafa me dijo que tú nos ayudarías, que tienes tú de especial? Y la otra... ¿Quiénes son esos locos? Tomas dice que son dioses menores y eso no existe.
—Hay que creer cosas más allá de las que vemos a simple vista.
—No has respondido a la primera pregunta, Alyssa—le recordó Alex frunciendo el ceño.
Lo miró, furiosa.
—Ni la responderé si seguís así.
Él resopló molesto, miró a Sam y le indicó que salieran a fuera, seguro que un poco de aire le haría bien.
—Cuando Su Majestad quiera, nos responde-le hizo una reverencia y salió, dejándola sola con Daniel.
—Alyssa, ¿Por qué no quieres responder a las preguntas?
—No he dicho que no quiera. He dicho que no quiero ahora mismo.
—¿Y puedo saber por qué?—le hizo cosquillas.
—Básicamente porque me acabo de levantar, mi estupidito—dijo cogiendo sus manos y besando su barbilla.—Y apenas tengo clara mi cabeza, mucho menos para tratar esto.
—¿Aun no lo asimilas no?—le acaricia el pelo sonriéndole con ternura—es normal, no eres de piedra y no podías...—Pone un dedo en sus labios.
—Basta por ahora, Daniel.
Le sonrió, y acarició los labios del chico.
—Está bien, pero te he oído esta noche, tenías pesadillas—la miró a los ojos.—Tendrías que haberme llamado, Alyssa.
—Lo siento, pero vi como se la llevaban, como mataban a Rafa y como esos chicos...son especiales.
—Anda, vamos a dar un paseo mientras Elizabeth y Alex se calman un poco—le dio un abrazo.
Mientras en la playa, una Lizzy furiosa lanzaba conchas al agua, por falta de piedras, y levantaba de vez en cuando arena. Tomas se acercó en silencio a ella.
—Alyssa está bajo mucha presión. No le tengas en cuenta—dijo el joven.
—Ya lo sé, pero no le estaba pidiendo toda la información, solo lo justo para tranquilizarme...—tiembla levemente-para pensar que puede salir bien.
—Alyssa ha sufrido más de lo que crees—dijo Tomas, cogiendo también una piedra y lanzándola al mar.—Se enmascara tras una apariencia fría. Pero prometo que no se estará quieta hasta que Lyd y Rafa estén a salvo
—¿A qué te refieres y por qué la llamas Lydia, y luego Dylai?
—Eso mejor que te lo responda Alyssa.
—Por favor, Tomas…
De pronto, Dan se acercó a ellos desde la casa, interrumpiendo la respuesta de Lizzy.
—Alyssa va a contaros la verdad.
Lizzy se encaminó rápidamente hacia la casa, se dio cuenta que tiene una piedra en la mano aun y la lanzó hacía atrás. Pero no se dio cuenta de que golpeó a uno de los chicos en la cabeza.
Tomas se quejó, pero Lizzy si se enteró, iba a paso rápido para llegar cuando antes a la casa y escuchar lo que tiene que decir esa chica. Llegaron a la casa, y se dirigieron al salón, allí se encontraban los chicos, completamente en silencio. Sin embargo, Alyssa no había aparecido aun y eso hizo duda a Lizzy.
—¿Donde esta?—preguntó bruscamente.
Tom la miró alzando la ceja.
—Desde luego, la paciencia no es lo tuyo.
—Ya, eso dijeron las personas que me han criado—se encogió de hombros-tengo la paciencia justa y necesaria.
—¿Tus padres no?
—No, yo no conocí a mis padres—dijo escuetamente Lizzy y miró hacia las escaleras dando por finalizada la charla.
Antes de que Tomas pudiera decir algo al respecto, Alyssa apareció por las escaleras, bajándolas sin prisa alguna. Estaba perdida en sus pensamientos, ajena a lo que hablaban los chicos.
—¿Vas a hablarnos ya de una vez o no?—le soltó Lizzy, mosqueada y sobresaltándola.
—Sí, pero no porque una niñita mimada me mande—le respondió de vuelta, mordaz.
—¿Tú que sabrás de mí?
—Más de lo que crees, Elizabeth Cley—le sonrió burlona—¿Cómo están los titos Jules y Lucy?
—¿Cómo sabes…?—Lizzy palideció.
—Sé muchas cosas de ti misma que tú desconoces, niña.
Se sentó en un sillón cruzándose de brazos y una sonrisa burlona bailando en sus labios. Daniel se acercó a ella y le dio una colleja floja en la cabeza, ella se llevó la mano a la cabeza y lo fulminó con la mirada.
—¿A que ha venido eso?
—Compórtate y no me lleves la contraria, Alyssa—la miró fijamente y ella asintió bufando.
—Lo siento, “niñita”—dijo Alyssa.
—¿Puedes empezar, por favor? —le pidió Alex.
Alyssa lo miró asombrada, era la primera vez que pedía algo por favor y de forma amable. Sacude la cabeza y asintió.
—¿Qué quieres saber?
—¿Quién es Lydia?
—Lydia es…—se golpeó con los dedos la barbilla pensativa—es un caso particular. Hay pocas personas como ella. Es descendiente directa de Hades, el Dios del Inframundo.
—Es su hija—matizó Tomas apoyado en la pared—su única hija.
—En teoría, Hades fue el único de los tres que no tuvo hijos—intervino Lizzy confusa.
Ella había leído mucha información sobre la mitología griega y siempre se fijó en Hades, por el hecho de que nunca había tenido hijos.
—Y en teoría, mi madre, es Atenea, tenía hecho voto de castidad y lo rompió—Alyssa puso los ojos en blanco.
—Los llamamos Inmortales Oscuros—esta vez contestó Daniel—Son semidioses que abandonaron la luz.
—¿Estáis locos, verdad? Estáis peor que esos secuestradores—dijo Alex fulminándolos con la mirada.
—Alex, si eso fuera verdad, ni Alyssa, ni yo estaríamos aquí—le explicó Tomas sonriendo divertido.
En ese momento, un vaso levitó por encima de la mesa y se estrelló contra la pared de enfrente. Los chicos se quedaron sin palabras, mientras que Daniel y Tomas ponían los ojos en blanco. Sam rió a carcajadas al ver como su amigo no tenía palabra para rebatir ese hecho y fruncía el ceño.
—Si bueno, lo que sea. ¿Qué esperan secuestrándola?
—No lo sé… Tal vez despertar su oscuridad—dijo Alyssa muy bajito y desviando la mirada.
—¿Cómo?—preguntaron a la vez Lizzy y Daniel.
—Llevando a Lyd al límite.
—Llevarla al límite… acabar con sus fuerzas, hasta que ya no pueda más y deje de luchar, ¿no?—preguntó Sam pensativo.
—Si—dijo Alyssa pensativa—Más o menos. Aunque también...
—¿También qué?—se echa adelante Alex.
—Pueden hacer lo contrario. Provocarla hasta que luche, desatando su poder.
—¿Qué consecuencias puede tener ese desenlace?—preguntó Sam tranquilamente.
—La oscuridad en los Inmortales es totalmente impredecible. Nunca lo sabremos del todo.
—Es mi culpa...—murmuró Lizzy agachando la cabeza.
—No es culpa de nadie. Los oscuros llevan detrás de Lyd mucho tiempo.
—Pero Oscar la conoció por mi culpa, cuando intentó salvarme de él, que estaba borracho.
—Por eso él se la quedó mirando fijamente y ella igual...—masculló Alex atando cabos.
Alyssa negó.
—Se conocen de mucho antes. Pero Lyd no lo sabe.
—¿Puedes aclarar eso?—le pidió Alex cortésmente.
Alyssa lo miró sorprendida.
—Esa es una historia más larga aun. Demos un descanso, por favor.
Alex la miró durante unos instantes, había mucha tristeza, y asintió, Lizzy le tocó el brazo y ambos salieron seguidos de Sam. Una vez en el porche de la casa, Sam adelantó a sus amigos y los encaró para hablar con ellos.
—¿Cómo estáis?
—Esto es irreal, amigo, parece sacado de una historia de fantasía...es tan raro todo-sacudió la cabeza Alex intentando aclararse—parece una pesadilla.
Se dejó caer en el suelo, y apoyó la cabeza en sus manos. Lizzy miró a Sam, intentando comprender lo que ocultaban las palabras de Alex. Sam la miró con una expresión que tal vez significara: "luego" y Lizzy resopló.
—Tranquilo, Alex, seguro que esto solo es una pesadilla y de un rato a otro despertaremos—intentó sonreír—estaremos de vuelta con ellos.
—No, Liz. No es una pesadilla. Esto es real.—Alex se levantó y se pasó la mano por el pelo.
—Chicos, esto va a salir bien, vamos a rescatar a vuestros amigos—les dio una palmadita en la espalda, Sam—me hubiera gustado conocerlos.
Alex dibujó una sonrisa en su cara.
—Claro que saldrá bien—dijo, golpeando con el puño el hombro de Sam.—La suerte siempre está de mi lado.
Y caminó hacia la orilla del mar, con la mirada perdida, igual que sus pensamientos, con toda seguridad. Sam miró a su amigo alejarse por la playa y suspiró. Sam conocía demasiado a su amigo para saber que no era sincero esta vez. Su eterno optimismo había desaparecido.

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Lydia

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