miércoles, 8 de abril de 2015

Capítulo 1

Aquí os traigo el primer capítulo de El Clan Libro II, pero solo es un adelanto ya que hasta junio más o menos no empezaré a publicarla. Espero sus opiniones.

—Ya estamos llegando- dijo Tomas a sus compañeros, quienes se asomaron a las ventanillas para contemplar su destino.
Ellos miran asombrados la isla, algunos molestos, pero todos admiran la belleza que se ve a esa altura.
—¿Quien vive aquí?
—La única que puede ayudarnos—fue su enigmática respuesta, y comenzó el descenso.
Los chicos se miran entre sí, Alex sacude la cabeza y mira por la ventana, ausente, perdido en sus pensamientos.
—¿Estás seguro que esa persona nos ayudara?—pregunta Lizzy curiosa.
—Lo hará. Tal vez os resulte fría pero es pura fachada. Tiene un corazón enorme y adora a Rafa y Lyd.
—Ellos... ella... ¿se conocen?
—Lyd no la recuerda. Fue una de las consecuencias.
Alex, absorto en su mente, lo miró.
—¿De qué hablas, Ross?
—Ya habrá tiempo de explicaciones, Jones.
Alex lo fulmina con la mirada, resopla y vuelve a mirar a la ventana con desgana. No le gusta los secretitos que tiene el tipo y menos la familiaridad con la que habla.
—¿Que vamos a hacer con el cuerpo de Rafa? Se va a descomponer—dice triste Lizzy mientras le acaricia el pelo.
—No lo hará. Os lo prometo.
—Eso espero.
—Podrías decirnos quienes son realmente Aarón y Oscar—dice Sam, captando la atención de Alex y Lizzy-antes de llegar a la isla.
—Son Inmortales Oscuros, dioses caídos que se vuelven contra los suyos.
—¿Son hijos de Hades?
—Los dioses solo son patrañas, Sam-masculla mosqueado Álex—esos solo son unos locos que se la han llevado.
—No son hijos de Hades, Sam. Aunque puede que lo tengan engañado
—¿Cómo es eso posible? Es uno de los tres reyes.
—Sam, cállate, por favor—le pide Alex—dejemos el tema hasta que esa persona nos explique las cosas.
—Algunas cosas de las que dijeron ellos, son verdad-les informa mientras hace las maniobras de aterrizaje.
El aterrizaje se realiza sin problemas, Tomas salta del helicóptero y abre la puerta para que bajen los chicos. Luego saca flotando el cuerpo de Rafa y caminan por la playa en busca de la casa, pero a lo lejos ven como se acerca una persona con la cara tapada y el pelo. No hizo pregunta alguna.
—Pasad, rápido.
Era una chica quien hablaba. Su voz, aunque joven, denotaba una autoridad innegable. Todos entraron. Caminan detrás de ella, Tomas lleva en brazos el cuerpo y detrás de él van Alex, Lizzy y Sam. Llevan unas expresiones que van desde el cabreo hasta la curiosidad pasando por la tristeza, es una situación algo rara. Una vez dentro, ella dice:
—Tomas, tráelo. Ellos pueden esperar aquí.
Alex está a punto de protestar pero una mirada verde como esmeralda lo deja helado en el sitio, tan parecidos... Tomas sigue a la joven por las escaleras hasta una habitación.
—¿De qué conoce a Lydia?—le pregunta Lizzy cuando están solos.
—Si no son parientes, me corto la mano—dijo Sam, pensando en voz alta
—¿Por qué lo dices?—pregunta Lizzy muerta de curiosidad.
—Por sus ojos—murmura en shock Alex.
—Solo tienes que ver como se ha quedado mi amigo—le susurra en el oído Sam a Lizzy sonriendo.
En ese momento bajan la joven, del que solo se le ven los ojos y Tomas. Todos los miran expectantes a la espera de que les den las respuestas que esperan. Alex da un paso hacia ellos, con las manos en los desgastados pantalones, y los mira fijamente.
—Cómo...
Tomas habló:
—Lo hemos metido en un tanque de suspensión. Su cuerpo se mantendrá intacto hasta que busquemos la forma de que regrese.
—Es mejor así, no será una momia entonces...—piensa en voz alta Sam y se gana una colleja de Lizzy—¡Oye!
—No le digas momia, Sapito-le riñe ella.
—¿Quién eres?-le espeta Alex a la muchacha dando un paso hacia ella.
—Soy Alyssa di Laurent, prima de Dylai, o como la conocéis vosotros, Lydia.
****
Todos dormitaban en los sacos de dormir. El amplio salón estaba abarrotado con los jóvenes, que intentaban conciliar el sueño, sin resultado placentero. Lizzy estaba inquieta, no podía dormir por más que lo intentaba, y si lo conseguía tenia pesadillas.
Se levantó y caminó hacia fuera, al fresco de la noche en la playa. Allí le sorprendió ver a Alex, lanzando piedras, haciéndolas saltar. Se acerca en silencio a él, nota que lanza las piedras con cierta violencia contra el agua.
—El agua no tiene la culpa—dice ella suavemente, sobresaltándolo.
—¿Tu tampoco duermes?—dijo Alex, lanzando otra piedra
—No puedo, tengo pesadillas-se abraza a sí misma.
Alex se acerca a ella y la abraza, nota como ella necesita el apoyo de alguien, y él también. La chica le devuelve el abrazo, con dulzura.
—Estás enamorado de Lyd, ¿no?
Alex suspiró.
—¿Sabes? Es algo... extraño. Cuando la conocí, se apoderó de mí una sensación muy extraña. Era una especie de... obsesión por ella. No pensaba en nadie más. Ahora que no está... esa sensación ha desaparecido.
—Eso suena... a un conjuro, o algo similar.
—No lo sé—dijo Alex, acariciando su pelo.- Pero me duele haberla olvidado tan pronto... Y me preocupa que algo le pase.
—Creo que ella te importaba mucho al estar conociéndola, por eso actuaste contra Aria cuando la viste-le acaricia la mejilla.
—Me siento culpable, Lizzy.
—Ella te importaba mucho-le sonrió intentando darle ánimos.
—Pues claro que me importaba y me sigue importando pero no como yo creía. Eso me hace sentir culpable—lanzó otra piedra al agua con fuerza.
—Alex, deja que pase el tiempo, así descubrirás que paso en ese momento...—ella mira soñadoramente el mar—el tiempo lo ayuda y aclara.
—Ve a dormir, pequeña, lo necesitas—le coge la barbilla para que lo mire—estas cansada.
—Tú también, así que por favor no te sientas culpable—le da un beso en la mejilla y se aleja hacia la casa.
—Como si fuera fácil...—susurra a la noche.
La mañana llegó antes de lo esperado. Los jóvenes, que finalmente lograron dormirse, fueron bañados por la luz del amanecer costero que entraba por los inmensos ventanales de la casa de su anfitriona. Lizzy y Alex coincidieron de camino a la cocina y fueron juntos hacia allí, ninguno comentaba nada de la noche anterior. En cierto modo, era lo mejor. De pronto, unos brazos los abrazan.
—Buenos días, amigos—dice serio con un amago de sonrisa, Sam.
Cuando llegaron a la cocina, se encontraron a Tommy, sentando tomado un café, y a otro chico igual de alto y corpulento, de espaldas a ellos. El día anterior no lo vieron.
—Hola, muchachos- dijo.—Soy Daniel Niklaus.
—Hola, yo Lizzy y ellos Alex y Sam
—Ayer no te vimos—dijo Alex mirándolo.
—Ross me llamó anoche. Vine a primera hora
—¿Para qué?-inquirió.
Tomas intervino:
—Hay que hacer algo con vuestros amigos. No vamos a dejar a Lydia atrapada por esos malditos oscuros.
—¿Por qué lo haríais? Nos debéis respuestas.
—Primero—dijo Dan—porque es mi trabajo. Segundo...
—Los amigos de nuestros amigos son amigos. Y tercero...
—Teníamos un trato con Rafa.
Alex, Sam y Liz los miraron.
—¿Ya conocíais a Rafa?-Ross asintió.
—Cuando Alyssa este aquí, os contaremos la historia—dijo mientras Daniel asentía dándole la razón.
—¿Conocéis a Lydia?—preguntó curiosa Lizzy.
—Es pariente de Alyssa—dijo Dan encogiéndose de hombros.
—No le has respondido—da un paso Alex.
—¿Donde esta ella?
—Durmiendo, habéis madrugado mucho.
—¿Tardara mucho?
—Es Alyssa, es como una marmota, así que hasta dentro de una hora o así no se levantara-se encogió de hombros el tal Daniel—yo que vosotros desayunaría tranquilos.
—Si quieres averiguar cosas, intenta despertarla—dijo sonriendo Tomas tras su taza de café.
Dan soltó una carcajada.
—Aunque si lo hacéis, seguro os arrojará la lámpara.
Ambos rieron de un chiste privado entre ellos, que los tres amigos no entendieron.
—Me da que ya os han tirado varias, ¿no?—suelta una risilla Sam.
—Poco ha faltado—dijo Niklaus.
—Resulta que un día, eran ya las tres de la tarde y la buena niña no se levantaba...
—Teniendo en cuenta que se acostó a las cinco de la mañana-intervino Daniel sonriendo socarrón.
—Si eso, por lo que fuimos a despertarla, entramos en silencio y abrimos las cortinas de golpe, dándole la luz en la cara-soltó una carcajada-y antes de que nos diéramos cuenta ella nos apuntaba con una lámpara.
—Tuvimos que salir corriendo antes que la lanzara a nuestra cabeza—sacudió la cabeza Daniel, divertido.
Alex resopló, y se levanta. Decide darse un paseo por la casa. Salió de la cocina abriendo la puerta, evitando dar un portazo, se aleja y sube por las escaleras. La casa era enorme, y la segunda planta era sorprendente, una puerta al final llama su atención. Estaba entreabierta un poco, eso impulsaba su curiosidad.
Lentamente se aproximó a ella, la luz salía de la puerta, la abrió un poco más. Allí vio a una joven, de pelo castaño, durmiendo plácidamente, como una bolita, bajo la colcha. La ventana se encontraba abierta y entraba fresquito por ella, moviendo las cortinas.
Estuvo a punto de irse, pero entonces se fijó en su rostro. Parecía tan tranquilo, apacible, como una niña pequeña...eso le traía recuerdos. Sonrió, y se acercó despacio. Se paró a los pies de la cama, y lentamente fue tirando de la colcha para destaparla.
Ella refunfuñó, y tiró de la manta hacia arriba. Alex, divertido, tiró de ellas hasta destaparla completamente. Ella se incorporó, despierta totalmente.
—¿Quién te crees que eres para entrar a mi cuarto?
—Necesito respuestas y he descubierto tu cuarto cuando curioseaba la casa.
—¡Largo!—dijo, sus ojos brillaban con un verde intenso.
—¿Por qué Rafa nos dijo que confiáramos en ti?—se preguntó a sí mismo en un susurro.
—¡Fuera!—repitió ella furiosa
—Espero que no tardes—le dijo molesto y se dirigió a la puerta.
—¿Qué locura te ha llevado a entrar en el cuarto de una chica dormida?
—La curiosidad, la puerta estaba entreabierta y luego la búsqueda de repuestas.
—Las respuestas llegaran a su tiempo. Ahora me largo.
Ella resopló.
—Ya que más da. Pásame el camisón, al fondo.
Alex caminó rápidamente hacia el armario y sacó un camisón azul oscuro. Se lo echó a su lado y él le dio la espalda para que se cambiara, mientras él tenía el ceño fruncido de irritación.
—Sé que estas preocupado, Alejandro. Y vamos a hacer lo que podamos.
—No me llames así. ¿Por qué Rafa nos mandó a ti y él se fue con Lydia o como quiera que se llame?
—Te creía más paciente...
—Lo soy, pero esta situación... No puedo. Además, creo que Lydia me pegó su impaciencia.
—Luego hablaremos de eso. Deja que me despierte. Ya puedes girarte.
—Prefiero alguna respuesta clara antes de girarme.
—Tienes un culo de miedo—Alex se giró al instante, para mirarla.—Sabía que te volverías.
—Gracias—dijo escuetamente—¿Vas a bajar ya? Todos están esperando para desayunar.
—Eso sí que no lo creo. Ellos saben de sobra cuando desayuno. Y sé que os lo han dicho.
—Solo que no madrugas-se encogió de hombros-os esperamos abajo.
—Espérame. Ya bajamos juntos.
—Te espero fuera-sale de la habitación, suspirando.
—Espera aquí, así tengo compañía.
—Claro, no me moveré de ahí—se cruza de brazos apoyado en el resquicio de la puerta.
—Hace mucho que nadie entra así como así en mi cuarto.
—Entonces es un cambio agradable—dijo Alex, con voz juguetona.
—La que tiene la costumbre de entrar así o peor es mi prima—sonrió triste.
—Sí, lo sé.
—¿Cómo?
—También en la playa nos colábamos en las habitaciones.
—Supongo que eso es divertido, Alejandro—le sonríe y más ampliamente al ver la mueca de él ante la mención de su nombre completo.
Una vez que la joven se vistió, caminó hacia Alex, y le indicó que le siguiera hacia las escaleras para dirigirse a donde estaban sus amigos. En la cocina todos estaban callados terminando de desayunar, y cuando entraron, los miraron, mientras Tomas le daba una taza a Alyssa
—Creo que es hora de las respuestas, Alyssa—dice de pronto Lizzy.
Alyssa fulminó con la mirada a la chica.
—Las respuestas llegarán en su momento, niña.
Lizzy se puso en pie de golpe, golpeando con las palmas de las manos la mesa, su expresión denotaba enojo, bastante.
—Mira, creo que ya es hora, tenemos derecho a saber por qué Rafa nos mandó contigo—la mira sin amedrentarse a los ojos—primero, me costó muchos días conseguir que Lyd se abriera y fuéramos amigas, le cogí mucho cariño, luego se tuvo que marchar por mi supuesto primo, que resulta que no lo es. Nos ayudó a escapar de la isla y fue secuestrada-su respiración se agitaba por el cabreo-nos dicen que se llama Dylai y es hija de uno de los tres grandes dioses de la mitología griega... ¿¡Te crees que no es momento de tener respuestas!?—le espetó gritándole, mientras los demás la miraron asombrados.
—Pues no. No lo es. Y si no te parece bien, ahí está la puerta—dijo Alyssa, sin inmutarse por la bronca que acababan de echarle.
—Oh, perdona, se me olvidaba que como tú ya sabes todas las respuestas nos las darás cuando te salga de las narices-se dirige a la puerta de la cocina que da al exterior y sale dando un portazo.
Alyssa suspira y da un sorbo a su café.
—Impaciencia. La enfermedad de este siglo...—dijo para sí.
—Tú eres igual o peor así que...—le reprende también Daniel.
La taza de Dan explota en sus manos, empapándolo de café.
—¿Decías?
—¡Oye! No es para que rompas mi taza, sabes que llevo razón, muñeca—le dice Daniel frunciendo el ceño.
—Alyssa, explícale a estos señores algo, voy a buscar a la dama—la mira fijamente—y no acepto un no-tras eso sale.

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