martes, 28 de octubre de 2014

Capítulo 4 Pillados

– ¿Nathaniel, de verdad que mi hermana y tu estáis juntos? –Me preguntó Iván en cuanto Kat y los dos guardaespaldas salieron de la sala de reuniones.
– Claro que si ¿acaso lo dudas Iván?
– Lo dudaba, por las miradas que me has echado algunas veces pensaba que a ti te atraían los hombres.
– Y las mujeres. –Me encogí de hombros.
– ¿Cómo, eres “bi”? Estas engañando a mi hermana.
– Era bi, pero desde que me di cuenta ayer por la noche de que me gustaba tu hermana, solo tengo ojos para ella y mi vida se centra en ella. En el fondo siempre lo supe.
– Espero que sea cierto que la amas, como le hagas daño te juro que lo pagaras.
– Tranquilo Iván, no le voy a hacer daño. ¿Te puedo hacer una pregunta?
– Dime. –Preguntó algo molesto.
– Tú la ves como a una mujer no como a una hermana ¿verdad?
– No digas tonterías.
– Como tú quieras, pero no me engañas a mí, te intentas engañar a ti mismo negándome lo evidente.
– ¿Nos vamos a casa Nate? –Dijo de pronto Kat sobresaltándonos, no sentimos abrirse la puerta.
– Claro cariño. – Le dije yendo hacia ella y tomándola de la cintura.
 – ¿Puedo ir con vosotros? – Nos preguntó Iván dirigiéndose hacia nosotros.
– Por mí no hay problema de dejarte en tu casa, Kat tiene que coger sus cosas. –Le dije tranquilamente mientras le acariciaba la espalda a Kat.
– Por mi tampoco hay problema.
– Muy bien, entonces vamos a por el coche y nos vamos
– Ah chicos, vosotros os podéis quedar aquí para cambiar vuestros contratos o iros, por hoy ya no os necesito. – Le dijo Kat cuando llegamos a la puerta a los guardaespaldas.
– Pero…–Comenzó a decir el más bajo de ellos.
– No os preocupéis va bien protegida con nosotros. –Dije mientras le abría la puerta del auto a Kat.
Durante todo el camino fuimos en silencio entre miradas de reojo, sonrisas y algunas caricias bajo la atenta mirada de Iván, que iba en el asiento trasero.
– Ya hemos llegado ¿quieres que entre a ayudarte?
– Como quieras.
– Entonces entro y así le damos la noticia a tu abuela, juntos.
Entramos los tres en la casa después de que Iván abriera la puerta.
– Hasta mañana a ambos.
– Hasta mañana Iván. –Le dijimos Kat y yo a la vez, viéndolo retirarse hacia su habitación.
– Kat, gatita ¿sabes una cosa?
 – Dime.
– Me pone el pensar que tu abuela o tu hermano nos pueda pillar en tu dormitorio siendo niños malos. –Le dije acercándola a mi pecho.
– Nate, no juegues conmigo de esa manera, por favor.
– No estoy jugando cariño, es lo que quiero que pase.
– Kat, creo que no le vas a poder decir a la abuela que te vas a vivir con tu novio, me ha dejado una nota en mi dormitorio diciendo que salía a comprar y no sabía a qué hora volvería. –Nos dijo Iván desde lo alto de las escaleras. – ¡Ah! Siento el haberos interrumpido.
– No te preocupes Iván, se lo puedes decir tú o cuando ella esté volvemos. Ahora vamos a coger las cosas de Kat y nos vamos, tenemos algunas cosas que hacer. –Le dije dándole a entender que nos íbamos a mi casa a seguir lo que él había cortado fuera o no cierto, aunque yo esperaba que sí.
– Mejor se lo dicen vosotros. Cuando llegue yo aviso a Kat.
– Vale. –Le dijimos yo y Kat a la vez mientras subíamos al dormitorio.
– Kat, gatita…
– Nate, si no vas a llegar al final no sigas. – Me contestó mientras le quitaba la blusa.
– Por supuesto que voy a llegar al final cariño. –Le dije haciéndola gemir al llevar mis manos a sus nalgas para levantarla y haciendo que envolviera sus piernas en mi cintura para drigirme con ella a la cama.
– ¿Kat?
– ¿Qué quieres ahora Iván? – Le dije enfadado por su nueva intromisión
 – La abuela ha lle… –Iván se quedó sin habla.
– Quiere deciros que ya he llegado desvergonzados. –Dijo una voz a nuestras espaldas.
– Abuela. – Dijo Kat apartándome de ella de un empujón y cubriéndose con la camisa que hace un momento yo había dejado caer al suelo.
– Señora. – Dije yo asombrado a la vez que Kat me empujaba y se tapaba
– Los tres en la sala en dos minutos. –Dijo la abuela de Kat, fulminándome con la mirada.
 – Pero abuela, yo no sabía lo que estaban haciendo.
– Iván no acepto peros y me da igual si lo sabías o no.
– No es justo.  –Dijo Iván como un niño pequeño cruzándose de brazos
– Iván ven conmigo mientras ellos se arreglan para que hablemos. – Dijo la abuela dirigiéndose hacia la puerta.
– Nate no teníamos que habernos dejado llevar, es más, esto que ha pasado tenemos que olvidarlo y procurar que no vuelva a pasar, no ha estado bien, no es correcto.
– Kat, cariño ¿por tu abuela no vas a vivir tu vida y a dejar que nuestro amor siga adelante?
– Nate no quiero enfadarla.
– No te preocupes, antes o después lo entenderá. – Le dije tomándola de la mano mientras bajábamos al salón donde nos estaba esperando su abuela con Iván.
– Ya era hora de que bajarais. Sois unos desvergonzados por no respetar mi casa. No esperar a estar casados o si no podéis esperar a ello hacerlo en otro sitio pero no aquí en mi casa.
– Abuela por favor escúchanos.
– No Katherine. Me vais a escuchar vosotros a mí.
– Abuela, yo no tengo nada que ver con esto. ¿Me puedo ir?
– No porque esto a ti también te concierne ya que si haces lo que ellos acaban de hacer puedes arreglar tus maletas e irte al instante de esta mí casa aunque te quiera mucho.
– Señora no es para tanto creo yo, su nieta y yo la estábamos esperando para decirle que Kat se va a venir a vivir conmigo y no hemos podido evitar amarnos mientras la esperábamos. Además tenemos planes para casarnos aunque no fecha.
– ¿Seguro? Porque eso que me acabas de decir ni tú mismo te lo crees, me lo estás diciendo para que os deje a ti y a mi nieta ir sin regañaros por lo sucedido. Pero esta es mi casa y por lo tanto se respetan mis normas.
– Señora estoy muy seguro de todo lo que digo.
– Muy bien. Pero Katherine se va y no la quiero de vuelta por aquí si no es casada o sola.
– Abuela, por favor entiende que nos queremos.
– No voy a decir nada más. –Nos dijo saliendo del salón.
– ¿Nate?
– Tranquila cariño. Lo comprenderá pero mientras vamos a mi casa. Pienso que te vendrá bien que descanses un rato e intentes relajarte.
– Yo también creo que te vendría bien que descansaras. No te preocupes por la abuela. Cuando se calme por haberos pillado yo hablo con ella y te perdonará y perdonará a Nathaniel por meterte mano en su casa rompiendo sus normas.
– ¿Estás seguro que podrás hablar con ella?
– ¿Acaso lo dudas? –Dijo Iván con una sonrisa triunfante
– No lo dudo, siempre has sido su preferido así que te escuchara antes o después. –Suspiré–. Aún debo tomar mis cosas.
– Hasta mañana hermanita, Nathaniel.
– Hasta mañana cuñadito, nos vemos en la empresa.
–¿No podéis recogerme y voy con vosotros? os coge de paso la casa.
– Mañana a las nueve en la puerta Iván. –Le dije de forma rotunda.
– Muy bien, mañana nos vemos.
– Kat ahora cuando lleguemos te voy a dar un masaje y vas a descansar ¿de acuerdo? – Le dije mientras nos montábamos en mi coche para emprender la marcha.
– Vale. –Me dijo Kat con una dulce sonrisa
 Durante el viaje de su casa a la mía fuimos en silencio escuchando la radio y mirándonos de vez en cuando. Eso sé que la relajaba y como era lo que en este momento necesitaba después de lo sucedido es lo que le iba a ofrecer, en otro momento terminaríamos lo que habíamos empezado.


¿Que les parece? ¿Sigo subiendo esta historia?
Besitos

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Lydia

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