sábado, 30 de agosto de 2014

Capitulo 2: El Día de la reunión….

– Hola cariño. – Me dijo Nataniel en cuanto entré en el coche.
– Hola chicos.
– No sabes lo que nos alegra verte de vuelta. Aunque prefieras estar en Estados Unidos. – Dijo Mike sonriente.
–Allá vivo muy cómoda sin tener que ver a mi hermanastro Iván.
– Cariño sabes que del odio al amor hay solo un paso.
– Nataniel eso es una tontería, cómo voy a querer a mi hermanastro con lo arrogante, engreído e imbécil que es.
– Yo solo te lo aviso. – Mi amigo sonrió con picardía, sabiendo lo mucho que ese comentario me molestaba.
– Gracias por avisarme pero eso no va a pasar. – Le dije a Nataniel a la vez que nos bajamos del coche para dirigirnos a la fiesta, la cual se veía bastante animada.
– De nada cariño, de nada.
La fiesta era de la hermana mayor de Mike, era muy simpática y casi idéntica a él, creo que si fueran gemelos no se parecerían tanto. Pasamos un par de horas bailando y hablando con todos, hacía mucho que no me veían y querían saber cómo había ido todo en Estados Unidos, también querían saber cómo iba la empresa de mi padre que tenía allí la sede principal. Sin embargo la fiesta se fastidió para mí cuando de lejos vi a mi hermanastro.
Durante un rato me estuve escabullendo entre la gente, pero no había forma de no verlo, mirara por donde mirara, ahí estaba él. Hubo un momento en que ya no lo vi más y me permití bailar un rato. Al final decidí marcharme, para evitar encontrármelo de nuevo; de igual forma ya era tarde y al día siguiente tenía que despertar temprano para ir a la reunión.
– Nate, me voy a casa. Estoy muy cansada y mañana tengo que madrugar.
– ¿Tan pronto te vas? –Intervino Mike.
– Sí, Mike. Pero no os preocupéis he pedido un taxi y ya me está esperando en la puerta.
– Como tú quieras, pero yo sé porque te vas. –Me dijo guiñándome un ojo.
– Me voy porque estoy cansada del viaje. – Resoplé y negué con la cabeza, Mike me había pillado. – Mañana tengo que estar descansada, para la reunión que tengo.
– Pues entonces cariño, te acompañamos a la puerta. –me dijo mi amigo, cogiéndome del brazo con cariño.
– Gracias Nate.
– Hasta otra ocasión, cariño. – Me dijo Nataniel mientras me subía al taxi y Mike se despedía de mí con una sonrisa. – Y mañana, ¡mételes caña! como tú sabes.
– No te preocupes Nate, yo siempre doy guerra. – Le guiño un ojo alejándome en el taxi y viendo como él y Mike ríen a carcajadas.
Estoy llegando a casa cuando recibo un sms de Nataniel al móvil; me extraña, hace como quince minutos que me he ido. Desbloqueo el móvil y leo divertida lo que pone:
"Querida amiga. Como sé que mañana nos veremos, te pido que no la líes demasiado hasta que yo llegue, no quiero perderme ese súper momento con Iván. Besitooos.
Sonrío, este Nataniel es de lo que no hay. Llego a casa y tras pagar al taxista, entro en casa. La abuela ya está dormida, menos mal. Me quité la cazadora y la colgué en el perchero junto a la entrada antes de ir a mi habitación y quitarme la camiseta, la dejé en el baño. Volvía a la habitación, cuando fui interrumpida.
– Vaya, se ve que alguien se ha ido pronto de la fiesta. –Dice una voz  masculina a mi espalda.
Me giro de un salto. Iván está apoyado contra el marco de la puerta, tranquilo como si no acabara de darme un absoluto infarto.
– ¿Pero qué diablos haces aquí? –Le reclamo. – ¿Me seguiste desde la fiesta?
– Ha sido muy grosero irte de esa manera. ¿Ya no saludas a la familia?
– ¡Oh por favor! No me hagas reír. –Dije ceñuda. 
Sus padres podían haberse casado cuando ellos eran adolescentes, pero ahí se acababa toda la relación que existía entre ellos. Dios sabía que ella había puesto de su parte para que la convivencia familiar funcionase. Al final resultó inútil, porque Iván sólo tenía interés para sus propios asuntos y una gran capacidad para ponerle los nervios a hervir. A causa de sus constantes peleas a la gente le gustaba creer que había algo más entre los dos, algún estúpido e infantil juego de “te tiro el cabello porque me gustas”, pero las cosas no eran así, no le simpatizaba en lo absoluto. 
Lo peor era que desde cumpliera la mayoría de edad y hasta que sus padres murieron, Iván se creía un guardia, yéndole por detrás. Decía que era su manera de preocuparse. A ella le sonaba a excusas de acosador en potencia, como si el hecho de encontrárselo ahora no lo demostrara. Pensar que otras mujeres lo encontrarían romántico le revolvía las entrañas.
– Escucha, estoy muy cansada y mañana en la mañana nos veremos en la oficina. –Alcé el tono de voz, enfurecida por su intrusión en mi habitación. – A menos que hayas venido aquí por algo importante quiero que te marches.
– ¿Por qué eres tan dura conmigo, Kat? –Puso esa sonrisita de medio lado y ojitos de cordero degollado, buscando hacerme quedar a mí como la mala y él como el pobre inocente.
Pero de qué va. ¿Quién se cree que es?" Antes odiaba ese gesto. Ahora me aburría. Puede que funcionara cuando tenía 15 años, pero no más. Si quería encandilar a una idiota se tendría que buscar a otra. En ese momento se me ocurrieron las respuestas típicas: "Porque eres un imbécil". "Porque tu sola presencia hace que me den ganas de tirarte desde el tejado", "porque siempre te crees con derecho de irrumpir en mi vida”, “Porque no eres el rey de nada", "Porque si te crees que yo voy a ser una de esas imbéciles que caen rendidas a tus pies, resulta que no luces como eres, estás bien equivocado.”
– ¿Qué quieres? –Dije ahorrándome el discurso infantil e inútil.
– Sólo vine a saber cómo estaba la abuela. –Me respondió, con esos ojitos felices.
Le arqueé una ceja, al mejor estilo de: “¿te parece que soy tan imbécil? que aprendí en la secundaria. Eran pasadas las tres de la madrugada. Hace mucho tiempo que la abuela estaba dormida. Había pasado de ser acosador en potencia a simplemente acosador.
– Bueno, pues aquí no está. –dije, empujándole fuera.
Quería quitarme el maquillaje de encima, pero Iván me tomó del brazo y me enfrentó a él. Le miré a la cara. Pensé, no por primera vez, lo injusto que era que fuera tan atractivo y a la vez tan idiota.
Iván era atractivo excepto por una pequeña mancha en su piel justo en el cuello, ése era el único detalle de su fisonomía que me gustaba al completo porque rompía la ilusión del hombre perfecto.
– Kat, Kat, Kat.– Dijo.
Le apestaba la boca a alcohol y sus labios estaban húmedos. Levantó una mano para apartarme unos mechones de cabello de la cara, pero yo me aparté.
–No te me acerques o lo lamentarás.
– No seas mala Kat. Continuó suavemente, aproximando su cuerpo al mío.
Él era apenas casi diez centímetros más alto que yo, pero mucho más ancho de hombros. Un jugador de rugby nato, ganador de múltiples premios y novio de las chicas más lindas del colegio. El favorito de la abuela, aunque no compartieran sangre.
Sentir sus dedos sobre mí me dio una genuina sensación de asco. Me estremecí e interpretándolo como deseo, él me sujetó y se inclinó a besarme. No era la primera vez que lo intentaba. La primera vez que lo hizo lo consiguió; robándome el primer beso que pensaba darle a otro en ese momento. Nunca le perdoné el descaro que para mí, siempre tomó el tinte horrendo de una violación.
– ¿No lo sientes Kat? ¿Esta atracción entre nosotros? ¿Por qué no dejas de luchar? Yo sé que te gusto. –Continúa insistiéndome el demente, acariciándose el rostro.
– Lo que siento es que estemos relacionados. Apestas a alcohol y me das asco, apártate de mí, o me veré obligada apartarte a la fuerza.
Hasta ese momento no me había dado cuenta de que de la cintura para arriba solo estaba vestida con el sujetador y él se acercó a mí para abrazarme. "Estúpido Iván." Como siempre iba a sacar lo peor de mí.
– Está bien, tú lo has querido. –Le bloqueé las manos y le hice una llave como me habían enseñado y lo tiré al suelo, apoyando mi rodilla en su espalda.
– Pero ¿qué haces Kat? ¡Estás loca!
– Te lo advertí y no me quisiste escuchar. Estos tres años he aprendido mucho y te aseguro que no soy esa chica ingenua que se marchó de aquí. –Le retorcí algo el brazo para que se quedase quieto.
- Suéltame Kat, suéltame y me iré.
– Está bien Iván, sí me das tu palabra, te soltaré.
– Te prometo que no te volveré a poner una mano encima, pero suéltame Kat.
Dejó de forcejear y entonces le solté, herido en su orgullo, se levantó del suelo, sin levantar la mirada y se acomodó la ropa. Salió por el pasillo para marcharse, sin decir nada.
"Eres un  estúpido, un imbécil, un... un ¡eres lo peor!".
Por ahora me contenté con darle un buen rodillazo a la entrepierna y una llave de defensa personal. No gritó mientras caía al suelo. Resistía bien el dolor, le reconozco su habilidad como atleta. Se agarró la zona, mirándome con una expresión de incredulidad tal que lucía mucho más estúpido que bonito mientras se levantaba den suelo. No pude reprimir una sonrisa mientras me dirigía al baño.
Entré y me miré al espejo, orgullosa en parte por haberle dado una lección y decepcionada de él. No era la primera vez que lo intentaba. Antes era una chiquilla intimidada por sus músculos, temiendo que si me negaba, él sólo insistiría con más fuerza. Desde entonces había ido a varias clases de defensa personal y estaba orgullosa de decir que podría dejarlo inconsciente de más de treinta formas distintas.
Deseé llamar a Nathaniel y decirle “Creo que la única manera en que lo de Iván y yo funcionaría es si me dejara azotarlo cada tanto, ¿crees que lo aceptaría?”. Pero lo dejé pasar, estaba cansada y no quería pensar más. Me limpié el maquillaje y me metí en la bañera para relajarme y después fui a la cama, mañana sería un día duro.
La alarma sonó y gemí casi tanto como si doliera.
– Maldito despertador. Que rápido ha amanecido. –Me dije a mi misma apagándolo y estirándome para levantarme.
– Buenos días hermanita. –Saludó Iván desde la puerta abierta de mi dormitorio. 
– ¿Qué quieres? ¿Vienes haber si me amargas el día tan temprano? Creo que no te va a funcionar, todavía estoy feliz por lo de anoche, así que déjame tranquila.
– Venia para ver si nos íbamos juntos a la reunión y en cuanto a lo de anoche, no sé a qué te refieres. –Me dijo acaparando toda la puerta para que no pudiera salir.
Iba cubierto solamente de cintura para abajo con una toalla, sin duda su intención era ponerme nerviosa.
–No pienso ir contigo ni a la esquina, así que quítate de la puerta. –Le conteste sin apenas mirarlo. Cerraría la puerta con llave y pondría una silla para bloquearla de ser necesario.
Tengo que reconocer que pese a no tenerle cariño, como a un hermano, tenía muy buen cuerpo.
– No me pienso quitar hasta que no me digas qué es lo de anoche.
-¿Decírtelo? Piensa un poco y ya verás como tu solito te acuerdas. –Le dije apartándolo de la puerta intentando tocar lo menos posible su torso desnudo.
 – Me lo acabaras diciendo. Te lo aseguro. –Me dijo tomándome del brazo cuando ya estaba a punto de cerrar la puerta.
–No sé si te lo acabaré diciendo o no, pero lo seguro es que ahora mismo no te lo voy a decir. –Le respondí soltándome de su agarre y cerrándole la puerta contra las narices.
Estaba dispuesto a seguir con la conversación. “Como podía ser que no se acordara de lo que había pasado anoche. ¿Tanto había bebido como para no recordar nada? ¿O estaba fingiendo no recordar lo sucedido?Bueno, después lo averiguaría, tenía que arreglarme para desayunar y marcharme a la reunión antes de que la abuela se renegara y se me hiciera tarde.
Me gustan mis labios, mis pómulos y ojos, por lo que cuando quiero realmente puedo sacarles partido con poco maquillaje. Con mi cabello recogido en un moño apretado, ofrecía la perfecta estampa de una mujer de negocios. Yo no lo era, para nada –antes muerta–, pero había vivido en el ambiente lo suficiente para aprender que no hacía daño saber disimular. Para vestir usé una camisa blanca, chaqueta gris y falda marrón claro. Mis tacones negros sin brillo, eran discretos, perfectos para cualquier ocasión. Un poco de perfume, pendientes de perla pequeños y estaba lista. Modelé frente al espejo, buscando imperfecciones. No las hallé de modo que bajé a desayunar.
En el camino me vi, de nuevo  con Iván, ahora vestido para matar células femeninas heterosexuales. Parecía más preparado para ir a un bar nocturno. Intentó ponérseme en frente, otra vez (por supuesto, al pobre tonto, nunca se le podría ocurrir ser innovador en sus métodos de ponerme de los nervios), pero hice ademán de levantar la rodilla. Eso bastó para que se echara atrás, alarmado. No sé de qué hablas decía. Ja. Típico, pretender que no pasó nada. Pero a mí me daba igual. No tenía ningún problema en recordárselo cuantas veces fuera necesario.
Durante el desayuno la abuela se desvivió por Iván, preguntándole qué tal estaba, si quería más pan o tostadas, mientras yo tuve que servirme prácticamente sola. Mi abuela, dios la bendiga, es de esas personas de antaño para quienes una mujer trabajadora era un alienígena o algo así. Al hombre que trabaja, como lo hizo mi abuelo, no se le puede dar más que todos los caprichos y atenderlo de la mejor manera posible, haciéndolo sentir el indiscutido rey de la casa. 
Si supiera lo que le hice a Iván no acabaría de escuchar la reprimenda nunca. Él no me iba a acusar, por supuesto. Demasiado orgullo resultaría herido si se supiera que su "hermanita" le dio su justo merecido. Apenas presté atención a lo que se decían.
 Mientras tomaba a sorbos mi taza de café pensaba en lo que tendría que decirles a los inversionistas. Nuestra empresa era dueña de la publicidad en la ciudad y en el continente, pero últimamente recibíamos menos pedidos que nunca. Tenía que ponerme al día respecto a los nuevos empleados, encontrar a los de mejor calidad y presentárselos como una garantía de que esta pequeña baja era sólo una cosa temporal.
Charles dijo que la mayor parte del trabajo estaba hecho. Lo único que yo debía hacer era leerlo y presentarlo de manera convincente. Trabajo fácil para mí, sabía cómo exponer para convencer. Cuando terminé con lo mío, dejé la taza y platos en el lavavajillas. Antes de salir, la abuela me increpó.
-¿Ustedes dos no van juntos?
-No, abuela, quiero llegar antes para ponerme al día con Charles y ver otras cosas. Nos vemos luego.
-No, espera, iré contigo -dijo Iván.
Afuera, lejos de la presencia de la abuela, me adelanté a la acera para llamar a un taxi. Iván no dejó de intentar llamar mi atención pero no se lo permití. Cesar Millán decía que cuando los perros se ponían pesados, ni a mirarlos, eventualmente entenderán que esa no es manera de tener lo que quieren y se cansarán. Me metí en el taxi, cerrando la puerta antes de que él hiciera ademán de entrar. Últimamente le estaba cerrando muy seguido una puerta en las narices. No podía decir que me desagradara.
Veinte minutos me tomó llegar a la agencia. Maldito tráfico. Estaba segura de que la conductora me había cobrado más de lo debido, sin embargo no me quedé discutiendo por cinco libras en aquel frio infernal.
En el lobby Charles me esperaba. Llevaba en la mano una taza de la cafetería de la cual bebía cada tres palabras. Este hombre amaba su café. Su cabello rubio brillaba desde el tono dorado al blanco puro de sus canas, los ojos marrones, rodeados por pequeñas arrugas le daban un aire digno y paternal. Me miró de arriba abajo y sonrió. 
–Buena elección. –Ambos nos dirigimos al ascensor. – ¿Qué tal te trata la ciudad hasta ahora?
–Algunas cosas son mejores que otras.
–Ya te encontraste a Iván, ¿cierto?
–Sí, por desgracia. – La sonrisa se me borró–. Sigo sin entender por qué sigue en la junta. Lo encontré borracho anoche. –Resoplé. – Casi se sobrepasó conmigo y tuve que defenderme. 
La esposa de Charles asistía a clases de defensa personal en el mismo lugar  al que iba yo antes de marcharme. Así que él sabía perfectamente de lo que estaba hablando.
–Lo lamento. Es un verdadero idiota, pero sigue siendo el hijo del jefe. Ustedes dos son la cara de la empresa.
–Creo que preferiría pasarse el día entero bebiendo e intoxicando sus venas. Pero hablemos de lo importante aquí. ¿Qué se supone que debo decirles?
Su respuesta fue extenderme una carpeta verde. Siempre un trabajador eficiente y un gran amigo que está cuando le necesito y evita mis peleas con Iván en la empresa.
Charles me acompañó a la sala de juntas, allí estaban los socios; diez en total junto con mi hermanastro y yo que éramos los mayoritarios. Había un nuevo socio, –que ha sido el culpable de que haya tenido que volver a Inglaterra– pero todavía no había llegado. Me senté a la cabeza de la mesa, mientras los demás tomaban asiento y esperábamos a que llegara el socio. Comencé a revisar los documentos en la carpeta que me había entregado Charles. Me encontraba firmando unos pendientes cuando llamaron a la puerta y entró el inversor que… ¡No puede ser! Me incorporé como un acto reflejo, “¿Qué demonios está haciendo aquí? ¡Esto tiene que ser una broma!” Nadie se da cuenta de mi acto y se acercan a estrecharle las manos al nuevo socio, me vuelvo a sentar y reviso unos documentos, hay algo que no encaja y eso no es bueno.
El barullo aumenta de nuevo de forma considerable con la llegada de un nuevo participante, levanto la cabeza molesta; Nathaniel ha llegado y está sonriendo a todos, me busca con la mirada y cuando me encuentra su sonrisa ser ensancha más aun. Se acerca con su característico andar, revolucionando hormonas femeninas, nadie sabe de su orientación sexual en la empresa, ni siquiera Iván. Por lo que deduzco de su expresión chulesca, algo se trae entre manos y no es nada bueno. Me levanto y separo un poco de la mesa para abrazarlo.
–Hermosa, hace mucho que no te veo. –Dice acercándose lentamente. Oh, oh.
–Yo te diría que desde anoche. –Le susurro en el oído.
–Mucho tiempo, preciosa. –Me coge de la cintura y acerca su boca a la mía. He debido imaginar que es esto es lo que se traía entre manos desde anoche, cuando me dijo que no empezara sin él. Sonrío en sus labios y enredando mis manos en su cuello le devuelvo el beso. Me acaricia la cara y se separa con una sonrisa irónica, que nada bueno presagia.
–Lo que yo decía, mucho tiempo, Kat.
–Es hora de empezar la reunión.
Los socios asienten tras salir de su shock y se sientan en sus sitios para iniciar.  Nate a mi lado, es mi mano derecha, igual que Charles la de Iván. La reunión se alarga más de lo esperado, llevamos casi tres horas y media, los socios cada vez están más nerviosos y cansados, por lo que tomo cartas en el asunto. Propongo un receso hasta las doce y media. Yo también necesito un descanso y mirar de nuevo todos los papeles que me ha dado Charles antes, algo no me encajaba, hacía unos meses la empresa no estaba así.
–¿Vienes a comer conmigo? –Ofreció Nathaniel.
–No, gracias Nate. Voy a quedarme aquí a ojear estos papeles, hay algo que no me cuadra y quiero saber que es.
–Está bien, pero come algo y no te comas mucho la cabeza.
–Tranquilo, para eso ya estás tú, abogado. –Me mira sin comprender. –Si me rayo mucho, tú me lo borras con tus besos, cariño.
Suelta una carcajada por mi broma, se acerca y tras besarme de nuevo se marcha riendo y sacudiendo la cabeza de forma divertida. Antes de cerrar la puerta del todo se gira y me dice:
–Cada día te superas más. –Me guiña el ojo y cierra la puerta.
Cuando me encuentro sola, me suelto el pelo, nunca me han gustado los moños tan apretados, sacudo la cabeza liberando la presión para luego hacerme un moño formal pero más flojo y algo desenfadado. Cuelgo la chaqueta en el respaldo y desabrocho un botón de la camisa, me asfixia.
Me vuelvo a concentrar en el papeleo y confirmo mi presentimiento: la empresa no está mal, solo ha bajado la venta de un par de productos y unas empresas han dejado de solicitar nuestra ayuda para sus campañas de publicidad. Suspiro molesta, tanta prisa en que volviera porque la empresa estaba muy mal y me encuentro lo contrario. Sin embargo, nunca estaba de más conseguir unas buenas ofertas millonarias de nuevas empresas interesadas en nuestros servicios y era en eso en que mi era necesaria mi intervención.
Planearía durante los próximos meses las campañas, dejaría todo acabado y de esa forma podrían seguir sin mí durante otros pocos años. Revisé las carpetas donde se encontraban los contratos de los trabajadores y su rendimiento individual, pero son demasiados como para que me dé tiempo de verlos todos, así que elijo verlos por áreas. Justo cuando voy a tomar una carpeta nueva, alguien apoya la mano en ella impidiéndomelo. No sé en qué momento entró, pero no estoy de para tonterías.
–Te va a salir humo por las orejas. – Dice una voz penetrante.
–Quita tu mano de mi carpeta o te la corto. – Levanto la mirada molesta, pero con una sonrisa cortés.
–Podrías intentarlo, pero me pregunto qué dirán tus trabajadores.
–Ian, no me toques las narices que no estoy de humor para tus gilipolleces. – Le aparto la mano de un manotazo.
–Vaya, alguien no se ha levantado con buen pie. –Dice socarrón.
–¿Qué demonios haces aquí? –Me levanté de golpe echando la silla hacia atrás y apoyando las manos en la mesa.
–Si intentas provocarme lo estas consiguiendo.
Me agarra por la cintura y me pega a él, me debato para que me suelte pero es inútil, me exaspera muchísimo, pero sonrío lentamente. Intento darle un rodillazo pero me bloquea con frustrante facilidad.
–Suéltame, querido o me va a dar igual que seas el nuevo socio. – Digo entre dientes muy enojada. – Tienes cinco segundos.
Viendo que él solo se limita a sonreír burlonamente, golpeo su estomago y enredo mi pierna entre las suyas tirándolo al suelo; lo he pillado por sorpresa. En ese momento se abre la puerta y me giro sobresaltada.
–Tranquila, solo soy yo.
–No vuelvas a darme esos sustos Nathaniel.
–Tú. –Dirige su mirada al suelo. –No es buena idea provocar a uno de los accionistas mayoritarios de la empresa, así que,  sal de esta sala y no vuelvas hasta que sea la hora de la reunión.  –Dice serio y cortante a Ian, éste se está levantando y acomodándose el traje.
–Claro. –Me mira con una ceja enarcada. –Nos vemos luego, Katherine.
En cuanto Ian sale por la puerta y la cierra tras él, suspiré aliviada, no tenía idea de que hacía en la empresa, por qué de repente quería ser socio. No me gustaba nada y no necesitaba la tensión extra durante estos meses.
–Estas tensa, supongo que ese tío tiene algo que ver. –Nate se acercó y me instó a sentarme. – Aunque está muy bueno. –Me susurró en el oído.
–Lo que tú digas Nate. –suspiré tensa.
–Te voy a dar un masaje en esta media hora que queda hasta que se reanude la reunión.
–Perfecto. –Murmuré cerrando los ojos.
Nathaniel comenzó a masajear lentamente mis hombros y mi cuello con movimientos circulares con los dedos y suspiré sintiendo mis músculos relajarse progresivamente. Sentí su aliento en mi cuello, haciendo los pelos de mi nuca erizarse, el muy bribón rió suavemente y dijo algunas tonterías haciéndome reír. De pronto, Nate me levantó y me sentó sobre él.
– ¿Qué haces, Nathaniel? –Pregunté aún demasiado relajada para preocuparme.
–Me estaba cansando de estar encorvado y como en tu silla cabemos los dos pues he aprovechado. –Me guiña un ojo. – No todos los días me puedo sentar en la silla de uno de los jefes.
Sacudí la cabeza reprimiendo una carcajada, apoyé mi espalda en su pecho y la cabeza en su hombro. Cerré los ojos y lo dejé seguir con el masaje. Me sentía muy cómoda con Nathaniel y menos mal que había sido él, quién entró antes. Abrí los ojos sobresaltada y dando un pequeño brinco al sentir pequeños besos en la sien y en la mejilla.
–Cariño, no saltes así, –susurra sensual en mi oído. – Soy un hombre.
–No me provoques. – Me giro encarándolo. – Y no lo haré.
–Yo solo intentaba relajarte. – Rodeó mi cintura con sus manos.
–Tienes unas buenas manos, ya no tengo tanta tensión acumulada.
–Me alegro entonces de haberte ayudado. –Rodeo su cuello con mis manos.
Sonreímos y me recosté en su pecho, apoyando él su barbilla sobre mi cabeza. Acarició mi espalda haciendo círculos y cosquillitas, dejándome sin tensión alguna. Besé su cuello, provocándole cosquillas y soltó una risilla.
–Vengativa. –Susurró en mi oído.
–Contigo no Nate. 
Él y yo siempre habíamos tenido esos momentos íntimos, pero sin segunda intención. Me incorporé un poco para mirarlo a la cara, pero quedando aun pegada a él, sonrió ladino y me lanzó una mirada curiosa. Disimuladamente señaló a la puerta y entendí que había alguien de pie en la puerta observando. Nate y yo somos éramos algo morbosos y nos encantaba provocar a los demás.
Acerqué la cara lentamente y Nate subió la mano hasta mi cuello y unió sus labios a los míos. Qué bien besaba. Me pegué a él y rodeé su cuello con mis brazos nuevamente y lo escuché gemir bajito en mis labios.
– ¿¡Qué demonios hacéis?! –Irrumpió la voz de Iván enfadado.
Nos separamos con las respiraciones agitadas, me eché para atrás y lo miré fijamente sonriendo un poco de medio lado.
–Creo que si no me equivoco, Nate me está dando un masaje, pero a lo mejor tanta bebida se te ha subido al cerebro.
–Mira Katherine, no me toques los cojones con tus ironías aléjate de él y ponte bien la ropa, quedan veinte minutos para que vengan los socios a continuar la reunión.
–Tú no te preocupes tanto y lárgate. En quince minutos estaré "presentable". –Hice comillas en la última palabra. – Adiós Iván.
–Más vale que no dejes a esta empresa en ridículo, con este inversor. –Dijo Iván, se giró para irse pero se lo pensó mejor. –Si la cagas, te dejaré sin acciones de esta empresa y me da igual que fueran las de tu madre.
Me levanto de las piernas de Nathaniel y encaro a mi hermanastro muy enojada. Se ha pasado está vez, si tan solo se atreve a intentar quitarme la empresa se va a enterar de quien es Katherine Rhonde. Miré a Nathaniel y él asientió inseguro, se acomodó su traje y me dio un beso en la frente antes de salir de la sala de reuniones, dejándome a solas con mi hermanastro
 –Siéntate Iván. – Me senté en mi silla y apoyé las manos en la mesa.
–Como gustes, hermanita. –Sonrió malicioso.
–Vuelves a amenazarme con quitarme las acciones de mi madre y lo pagaras muy caro, porque puedo hacer que pierdas tú las tuyas.– Lo miré muy seria y amenazante, llevaba tres años fuera y él no sabía quién era yo y menos cuando alguien me quería quitar lo que me pertenecía.– Sé manejar mejor la empresa que tú, dirijo la de mi padre en Estados Unidos y hasta ahora no ha tenido ningún problema, no como ésta, que me ha hecho venir dos veces para solucionarlos.
–Tenías que venir porque es tu obligación como socia y dueña. Cuando se trata de inversores tenemos que estar los dos.
– ¡No me vengas con excusas!– golpeé la mesa con las manos. –Se puede hacer por videoconferencia, y sé que la empresa no necesita más inversores, hay otro problema y quiero saber cuál es.
–Te necesitábamos porque el inversor quería ver a todos los socios y a los dueños de la empresa como garantía de un compromiso serio. – Se incorporó.
– Lárgate, no te quiero ver hasta que inicie la reunión. –le miré desafiante antes de continuar. –Me quedaré hasta Julio, luego volveré a Los Ángeles.
–Como quieras, ahora arréglate y péinate en condiciones. –Caminó hacia la puerta y salió, a la vez que entraba Nathaniel.
Me dejé caer en la silla y enterré la cara en mis manos suspirando, estaba cansada. Odiaba los enfrentamientos con Iván, me agotaban, y eran inútiles. Noté que alguien me acariciaba el cabello y me deshacía el peinado con cuidado. Unas manos masajeaban mi cabeza y lentamente me peinaron con una cola alta, levanté la cabeza y le sonreí débilmente a Nathaniel.
–Tranquila, estas muy presentable y no dejaré que te arrebaten lo que es tuyo. –Me ayudó a incorporarme de la silla. –Creo que para que a esos viejales no les de un infarto te abrocharé el botón.
Solté una carcajada.
–Enserio, no sé qué haría sin ti. – Lo abracé.
–Te meterías en muchos problemas. –Me devolvió el abrazo con fuerza.
–Aún así, me meto en ellos porque tú también te unes. –Le dije, su pecho se sacudiéndose de la risa– ¿Qué tal las cosas con Mike?
–Rompimos al volver de la fiesta. No te preocupes estoy bien, hace mucho que lo nuestro no funcionaba.
–Lo siento. –Lo besé donde se sitúa el corazón. – Verás como pronto descubres al adecuado.
–O adecuada –Me interrumpió y lo miré a los ojos desconcertada. –Kat, soy bi, te lo dije hace meses. Eso es una de las cosas que Mike  no aceptaba.

–Es verdad, se me fue la cabeza. Sabes que cuentas conmigo–le abracé fuerte.

2 comentarios:

  1. Me gustan mucho tus historias y la forma tan peculiar en que las cuentas hacen que me sea fácil verme perdido en ellas sigue así
    .

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    1. Me alegro mucho de que te gusten, me gusta despistar al lector para luego sorprenderlo :)

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Lydia

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