sábado, 1 de marzo de 2014

Capítulo 1 Cambios

Abro los ojos desorientada, la oscuridad se va disipando dejando paso a un paraje desértico, no sé cómo he llegado hasta aquí. Pero esa duda se resuelve en cuanto veo aparecer a las Moiras, me levanto y camino con paso pesado hacia ellas.
—Niña, te lo advertimos…
— ¿Por qué no nos hiciste caso?
—Podrías haber vivido mucho tiempo—dice una de ellas con expresión triste.
—Deje de mirar el diario…intente seguir con mi vida. —miro al suelo triste—pero eso difícil si no sabes quién eres realmente.
—No, entraste en el laberinto. No debiste haberlo hecho…
—Aun era muy pronto y mira como acabó.
— ¡Tenía derecho a saber quien soy! Vosotras no me entendéis, sabéis quienes sois desde que nacisteis—las miro seria.
—Tendrás mucho tiempo para descubrirlo…
—Tal vez incluso una segunda oportunidad, muy diferente…—sonríen por primera vez dulce y desaparecen.
— ¡Esperad!
Las llamo gritando y corro por ese paraje, mis pies sangran al estar descalza y el suelo tan agrietado y con piedras. Tropiezo y golpeo con mi cuerpo el suelo, clavándome las piedras. Una de ellas se clava en mi pecho, justo donde me ha dado la daga y aúllo de dolor cerrando los ojos.
Abro los ojos y me encuentro con seis pares de ojos que me están observando preocupados y algunos con curiosidad. Me incorporo un poco y todos dan un paso hacia atrás para dejarme espacio, creo.

—Parece que la bella durmiente se ha despertado.
—Alejaos, no queremos asustarla y necesita su espacio—dice la única mujer del grupo—Soy Lexy, capitana de estos guardianes.
Los miro incrédula y un poco asustada, pero lo oculto tras una mirada glacial. No sé qué hago aquí ni donde estoy, porque que yo recuerde he muerto, no es nada agradable. Me termino de incorporar rápidamente y miro mi pecho, pero  no tengo ninguna herida, es como si nunca ha existido.
—Tranquila, estás a salvo—me tiende una mano la mujer llamada Lexy—confía en mí, te voy a ayudar.
—Ni siquiera sabes mi nombre y la última vez que me dijeron eso acabe con una daga en el pecho.
—En cierto modo, creo que lo estas, pero dime tu nombre—me levanta sonriendo—aunque tus amigos creen que estas muerta.
— ¿Dónde estoy? —Prefiero cambiar de tema—Esto no es el Olimpo.
—Todo a su debido tiempo, diosa—dice unos de los guerreros adelantándose.
—Tengo que volver con mis amigos, me necesitan y estarán preocupados…
—No te puedes irte aun—me corta el guerrero y me molesta.
—No eres quién para decirme que tengo o no que hacer, así que cállate la boca—me atrevo a responderle aunque impone por su altura y su fuerza.
—Tal vez él no, pero yo si puedo. Y no te irás.
—Lexy, tranquila—dice una voz profunda a nuestra espalda—ella está nerviosa al estar en un lugar que no conoce.
—Pero Axiel…—hace un puchero.
—Márchate con los guerreros, yo me encargo de explicarle todo a la joven diosa.
—Sabes que no lo es, aun.
—Tú lo has dicho, aún. Ahora retírate—le hace una señal y ella se marcha con los guerreros.
El hombre, de mediana edad, es bastante alto, con unos rasgos aristocráticos. Pómulos altos, ojos oscuros, labios carnosos y una pequeña cicatriz que atraviesa su ceja derecha. Se acerca hacia mí, lentamente, para no asustarme, pero mi cuerpo se tensa, a pesar de que transmite buenas vibraciones. No me fío.
—Tus amigos están bien, buscando la forma de hacerte volver con ellos.
— ¿Dónde estoy?
—Es mi isla, aquí se entrenan a los futuros Guardianes y Cazadores Inmortales—me tiende su mano.
—No has respondido a mi pregunta—frunzo el ceño y rechazo su mano.
—Paciencia…una virtud que tendremos que practicar—sonríe con suficiencia.
— ¡Axel! —Le grito frustrada— ¿Dónde narices estoy cuando se supone que tendría que estar muerta?
En vez de responder se limita a observarme, como si espera que pase algo. Lo miro fijamente reprimiendo un suspiro de impaciencia, esto está muy aburrido.
— ¿Piensas decir algo o me largo de aquí?
—Pensé que harías algo, he averiguado que un par de minutos antes de morir se había liberad gran parte de tu esencia…
— ¿Qué esencia?
—Déjame acabar—me reprime autoritario—me refería a que se libero una pequeña parte de tu esencia divina, tu parte de diosa. Tus poderes fueron sellados al año de nacer por ser muy fuertes y descontrolados.
— ¿A qué te refieres?
—Tus poderes eran diferentes de los que se habían visto y ningún dios ha sido tan fuerte desde el momento de su nacimiento…y luego la profecía de Delfos… quisieron protegerte y por eso te ocultaron quien eras. Tampoco les dio tiempo.
—Una vida de mentiras…
—Hicieron lo que debían para protegerte, pero tú luego bien que aceptaste a tu madre así que no te quejes tanto, ni te hagas la víctima—me echa en cara este.
—Déjame en paz—le doy la espalda molesta con todos—ahora dirá que tampoco tendría que haber muerto ni haber entrado en ese laberinto—murmura para sí misma.
—Y tienes razón, eras humana cuando esa daga te impactó, pero ya lo iremos averiguando, hay tiempo—me hace una seña para que lo siga—vamos, te enseñaré tu nuevo hogar.
Caminamos en silencio por un bosque, los árboles llenos de hojas verdes, pero en cierto modo se siente apagado, y césped a su alrededor. Se parece a descripciones de cuentos que me ha leído mi padre cuando era pequeña.
—Este lugar es el paraíso…—murmuro para mí misma—me quedaría aquí.
¬— ¡No! —lo miro sobresaltada—no puedes quedarte aquí. Es mi hogar y un lugar de paso, en la que los guardianes aprenden.
—Puedo aprender y entrenar para ser una Inmorthalis o una Cazash.
—No puedes. Eres una DIOSA.
—No lo soy…aún, como tú dices—miro a mi alrededor y vuelvo a centrar mi atención en él—no tiene sentido que esté aquí entonces.
—Estas aquí para aprender sobre ti misma y controlar tus poderes, que ni siquiera conoces—me pone una mano en el hombro, de la que me suelto y suspira—tienes poderes que son especiales, eres el equilibrio, Alyssa. También tienes el don que te dio Nyx sobre la oscuridad.
—Si bueno…eso es fácil, creo—me concentro y realizo una pequeña bola oscura.
—No vuelvas a hacer eso—me riñe y la hace desaparecer—no mientras no sepas que estás haciendo.
—Pero ahora sé lo que estaba haciendo—protesto parándome en un árbol, parece que llevamos mucho caminando.
—Sabes que no me refiero a eso, Alyssa—intento protestar pero me calla y eso me molesta—no sabes controlarlos en caso de que te enfades.
—Eso no es verdad—crispo mis manos en puños—aunque se estén mostrando desde hace poco, no dañaría a nadie.
—Igual que cuando te persiguieron a ti y tu amiguito unos humanos en coche, ¿no? —Sonríe engreídamente—lanzaste a ese chico por los aires cuando te agarro del brazo para hablar contigo.
—Tú no sabes nada de eso—me apoyo en el árbol, recordando ese suceso, molesta—no lo lance por los aires, fue un flash…
—Eso fue lo que te dijeron tus amigos, pero fuiste tú, como mecanismo de defensa.
—Eres un mentiroso, no sabes nada de mí. Así que cállate—respiro hondo para controlar mi mal genio.
—Alyssa…eres un peligro aunque no lo creas y…
— ¡No! Escúchame tú, Axiel—se levanta aire poniéndome el pelo en la cara—jamás dañaría a mis seres queridos. NUN-CA.
—Alyssa, basta—dice tan calmado aunque en sus ojos se ve tempestad— ¿no ves todo lo que estas liando por tu arranque de mal humor?
— ¡Es tu culpa! —me es imposible calmarme ahora mismo.
—Cálmate, no quiero ver reducido a nada mi hogar.
—Lo estoy intentando—mascullo entre dientes.
—Piensa en algo que te calme.
Cierro los ojos y recuerdo el día que conocí a Judit, tan pequeñita y tan…pitufa rosa. Luego cuando pensó que yo tenía un hijo con Tomas…Tommy, lo hecho mucho de menos, la última vez que lo he visto ha sido antes de cerrar los ojos. Aunque no sé cómo llegó hasta allí.
—Eso es, sigue así.
Mantengo los ojos cerrados. Todo es culpa de ese…malnacido de Carlos, si él no hubiera aparecido mi vida seguiría siendo, bueno no normal, pero seguiría viva y con mis amigos. Podría volver a ver a Tomas y a Oliver y pasar la Navidad todos juntos en mi nueva casa. Pero no tuvo que llegar y joderme la vida, como si no estuviera ya bastante jodida por sí sola. Maldito Carlos me has hecho alejarme de todos los que quiero.
—Alyssa, no sigas por ahí…
Su voz se vuelve lejana, ya no lo oigo, solo quiero venganza por arrebatarme mi futuro. Uno con Jake y Judit, Tomas y Daniel, las gemelas y Evelyn; ellos son mi familia y voy a volver con ellos me cueste lo que me cueste.
— ¡Alyssa!
— ¿¡Que!? —abro los ojos y él retrocede un paso.
—Contrólate, maldita sea. Aquí no está Carlos ni ningún otro que te quiera hacer daño—me mira fijamente a los ojos.
—Tú puedes ser como ellos, utilizarme y luego darme la patada—intento dar un paso pero no puedo moverme—Axiel…
—No voy a dejar que la oscuridad y las sombras que hay en ti, destruyan mi isla y…—aprieto los dientes y doy un paso hacia él, que retrocede asombrado—no es posible.
—Entérate de algo, Axiel—avanzo y él retrocede—no voy a dejar que me manipules, ni que me uses, si yo me quiero ir, lo haré. No me retendrás—lo miro echando chispas y lo levanto del suelo sin tocarlo— ¿Lo has entendido?
—No me subestimes, Alyssa, —se libera de mi agarre invisible y cae al suelo. Se incorpora en toda su altura—ni me desafíes. Es mi isla y aun no tienes suficiente poder para retarme, igualmente no estás hablando tú, sino la rabia.
—No me conoces, así que deja tus suposiciones—la rabia sube por mi cuerpo—estoy harta de todos, que os creáis con derechos que no tenéis—miro al suelo intentando controlarme y lo vuelvo a mirar.
Axiel retrocede un paso impactado, como si estuviera viendo un fantasma o un monstruo, mi respiración es bastante agitada, por el esfuerzo de controlarme cuando siento unas ganas impresionantes de explotar y que pase lo que tenga que pasar. Mis manos tiemblan violentamente, agacho la mirada hacia ellas, las crispo en puños mordiéndome el labio con fuerza hasta que noto un líquido con sabor metálico. Hay mucha tensión fluctuando entre nosotros, se puede palpar en el ambiente y cortar con unas tijeras.
Doy un paso hacia delante al darme algo en la espalda, pero unos brazos fuertes me rodean evitando que caiga al suelo. Me quedo rígida, mientras esos brazos aprietan más su agarre y pegándome al pecho musculoso de la persona que me tiene sujeta. Odio los abrazos pero este…es diferente.
—Relájate, Alyssa—susurra la voz en mi oído, estremeciéndome.
—No puedo—murmuro temblando.
—Puedes, solo cree en ti—dice en el mismo tono que yo—busca la Luz.
Aspiro el aire y lentamente lo voy soltando, con los ojos cerrados, busco entre las sombras que habitan en mi interior y que recubren mi corazón sin poder perpetrarlo. Con dificultad busco ese resquicio de luz que aun me queda y que lucha contra las sombras para mantenerse y evitar la sumisión de mi corazón ante la oscuridad.
—Eso es, Alyssa, aférrate a ella con todas tus fuerzas—murmura más cerca de mi oído—tú eres como esa luz, lucha igual que ella.
Me giro en sus brazos y lo abrazo, poniéndole una mano en el costado, enterrando la cara en su pecho, mientras en mi interior se libra una batalla. Una que con el paso de los años ha ido incrementándose, pero desde que descubrí la verdad sobre quien soy ha ido en aumento. 
El cuerpo de Axiel transmite mucho calor, pero sobretodo en la parte de su costado donde tengo puesta mi mano, allí el calor emana con más fuerza, como un punto de unión entre los dos. Las manos de Axiel se mueven por mi espalda, calmando mis temblores, de los que no he sido consciente hasta ahora. Una de sus manos viaja hasta mi cabeza, acariciando mi pelo, y la otra me estrecha fuerte la cintura, reconfortándome.
—Gracias—digo en un murmullo apenas audible.
—No he hecho nada, pequeña—me levanta la cara cogiéndome la barbilla—has sido tú sola, amazona—sus ojos chispean con humor, pero también serios.
—Perdón…no he querido decir…lo que he dicho. Se me fue de las manos—mis ojos se vuelven cristalinos, traicionándome.
Axiel sacude la cabeza y me vuelve a abrazar como antes, pero esta vez yo le respondo el abrazo. Cierro los ojos y noto como nos movemos muy rápido. Al abrirlos ya no estamos en el bosque sino en una habitación con las paredes azules y una gran cama.
—Esta es tu habitación mientras vivas aquí—sigue hablando en susurros en mi oído—Ahora descansa, mañana podremos hablar todo con más calma.
Sin darme opción a responder me levanta y me lleva en sus brazos hasta la cama, con una mano la destapa para luego meterme entre las sabanas y taparme. Me acaricia la mejilla y yo me sonrojo como un tomate, provocándole una sonrisa. Me da las buenas noches y sale de la habitación cerrando la puerta suavemente, sin hacer ningún ruido, y suspiro.
Me pongo de costado y abrazando la almohada, me quedo dormida nada más cerrar los ojos. La cama es muy cómoda y las mantas me mantienen calentita. Abro los ojos bostezando y me desperezo, mirando la habitación con curiosidad, ya que es toda azul, mi color favorito. Llaman a la puerta y enfadada por ser molestada tan temprano, gruño un adelante.
Axiel asoma la cabeza sonriendo y luego entra completamente a la habitación, vestido con un pantalón de deporte y una camiseta de tirantes pegada a su torso musculoso. Quitaría el hipo a mas de una mujer si alguna, aparte de mí, lo viera vestido de esa forma, aunque claro a mi más bien me quita el sueño.
Se acerca hasta mi cama con una sonrisa enigmática, se sienta a mi lado y me acaricia el brazo, subiendo hasta mi mejilla, la cual acaricia sutilmente. Yo me quedo paralizada sin saber qué hacer, se inclina más hacia mí, quedando su boca a centímetros de la mía, produciéndome un escalofrío que me recorre toda la espalda.
De pronto, algo me perfora el pecho, jadeo en busca de aire y miro que es lo que es, me quedo impactada al ver la daga griega. Miro a Axiel en busca de una respuesta pero me quedo fría al ver que no es él, sino….Carlos.
— ¿Crees que estarías a salvo de mi?
Personalmente estoy empezando a odiar a este tipo... ¿Ha vuelto para rematarla?

2 comentarios:

  1. La inesperada aparicion del odioso Carlos es sorprendente. Ni en la otra vida la va a dejar en paz. ¿Que hace alli? Ahora que la iban a ayudar...
    Espero impaciente el proximo. Besos

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    Respuestas
    1. Si, soci, ni en otro lugar es capaz de dejarla tranquila. Que ella viva es peligroso para él, dado que le saca lo poco de "humanidad" que le queda.
      Besitoos

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